Círculo Internacional de Amigos de los Gigantes  

Delegación de Galicia. Julio I. González Montañés ©

 

 

 

 

 

El Irrio y los cabezudos en los años 60

 

Foto: Asoc. xubilados  de Castro Caldelas


 

 

   La pareja de gigantes de Castro Caldelas, conocida en la villa como “As Cocas”, sale el primer domingo de agosto en la Festa da Luz de la parroquia de Santa Tegra de Abelenda, ante cuya iglesia bailan una danza tradicional acompañadas de ocho danzantes y al son de las gaitas que ejecutan una pieza musical propia del festejo, A Carballesa [1].

  Hay quien ha atribuido a la danza de las Cocas un origen precristiano, pero solo hay pruebas documentales la existencia de danzantes desde finales del siglo XIX cuando, según Vicente Risco, se bailaba delante de la Virgen de los Remedios en el santuario de la villa, y, de acuerdo con el testimonio de Ático Noguerol, las Cocas de principios del siglo XX eran los antiguos gigantones de Ourense, vendidos en los años 20 por el ayuntamiento de la capital al de Castro Caldelas.

   Desde los años 20, los programas de fiestas de los Remedios mencionan a los “gigantes y cabezudos”, que como en la actualidad, entraban en la villa por la carretera de Ourense acompañados del Irrio [2] y de una banda de música y grupos de gaiteros (en los últimos años suele ser la Banda de Ramirás y el grupo Airiños de Caldelas). De los cabezudos tenemos testimonios gráficos de los años 50-60, luego desaparecieron pero se han construido unos nuevos hace pocos años y vuelven a salir por las calles de Caldelas.


Cocas y danzantes en la actualidad

 


[1] La tradición de la danza la mantienen los miembros de la Asociación Cultural Cocas e Danzantes de Santa Tegra presidida por Ricardo Rodicio (http://www.santategra.org). Una danza similar existió también en la zona de Quiroga (Lugo).

[2] El Irrio peliqueiro de la procesión de la Virgen de los Remedios de Castro Caldelas es una máscara con careta de madera barbuda que goza de los mismos privilegios de inmunidad física y derecho de exacción a los tenderos de los que disfrutan los peliqueiros del carnaval, con los que coincide en los castigos físicos que inflige al público que no puede defenderse de obra aunque sí de palabra (el apelativo peliqueiro se refiere al látigo con mango de madera y correa de pelica (piel) de oveja). Su presencia en una procesión religiosa con derecho a entrar en el templo es hoy excepcional pero máscaras similares las tenemos documentadas en las procesiones del Corpus desde el siglo XVI (fenos de Ribadavia y Allariz, gamachiños de Betanzos, céntulos de Pontevedra etc.

 

La Coca

Los cabezudos en 2004

 

 

 Irrio y cabezudo

Foto: Eladio Osorio Montenegro

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